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etapa_5: Enna-Etna

etapa_5: Enna-Etna

A cargo de Michele Lauro

De la pirámide de Enna, histórico ombligo de Sicilia, el recorrido de la etapa apunta hacia Catania superando el valle del Dittaino, que corre de oeste a este en el ligero ondular de las fértiles colinas. 

Es el reino del gran latifundio, la medida que durante siglos ha diseñado el paisaje de la Sicilia continental con distancias inmensas, aisladas masías, infinitas trazzere, como se llaman por aquí a los senderos del campo.

Enrocadas en una colina se deslizan ciudades que nacieron en época griega y romana que conservan un corazón medieval (Calascibetta, Agira, Centuripe) y centros agrícolas de los siglos XVI – XVII (Leonforte), todos caracterizados por la extraordinaria vocación panorámica: pueblos terrazas suspendidos entre las laderas de los montes Nebrodi y la llanura de Catania de donde el penacho del volcán, blanqueado y bufante, parece ya al alcance de un abrazo.

Se rodea entonces el Parque regional del Etna a través de campos cultivados con viñas, avellanos, manzanos, olivos y alfóncigos, surcados por una tupida red de senderos marcados por paredes secas de piedra volcánica. Los pueblos en las laderas son silenciosos miradores donde cada noche se estrena un espectáculo de fragmentos de la lava: Nicolosi, Zafferana Etnea, Milo, Linguaglossa, que conserva en el nombre la señal de una antigua erupción. La última parte apunta sus alas hacia el cráter en el paisaje lunar de la panorámica Mareneve, superando con curvas cerradas un desnivel de casi 1300 m hasta Piano Provenzana, a 1816 m, emplazamiento para excursionistas de la vertiente norte del Etna.

Enna

La capital de provincia más alta de Italia, durante la mayoría del año envuelta en la niebla, se halla en un monte piramidal a 931 m, proyectando su propia imagen radialmente en el interior. Tiene orígenes muy antiguos y conserva el aspecto de ciudad histórica: en el núcleo urbano suspendido en lo alto, en la sucesión de plazas y edificios bien conservados habla un sobrio lenguaje medieval, solo en parte contaminado por inserciones barrocas y del Siglo XVIII. Incomparable punto panorámico es el Castillo de Lombardía, de origen medieval, testigo en su nombre de una colonia lombarda que en la época de los normandos probablemente poblaba estos “lugares lombardos” hablando un idioma galo-itálico, como contó Elio Vittorini en Conversación en Sicilia. Coherente con el espíritu de la ciudad es la inmutable intensidad de las celebraciones de la Semana Santa, con la solemne procesión de los Encapuchados. 

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